¡No Te Quejes!

quejarsw“No te quejes que hay gente que está mucho peor” ¿Cuantas veces te han dicho esto, pulverizando así tu derecho universal a protestar”?

No es novedad para nadie que la sociedad en la que vivimos carece de todo sentido de justicia y equidad. Sin embargo, podría decir sin temor a equivocarme que el solo hecho de nacer en “el hogar correcto”, nos asegura una alta posibilidad de convertirnos en adultos socialmente dignos.

¿Qué quiere decir esto? Que buena parte de nuestros logros a lo largo de la vida, poco tendrán que ver con nuestro esfuerzo o deificación personal, y mucho con la suerte de haber tenido los padres correctos. La diferencia entre un vagabundo y yo, bien pudo haber sido signada por el azar, y nada más que eso.

Este hecho circunstancial genera una situación que de a momentos me exaspera, y tiene que ver con esta constante sensación de ser lo suficientemente afortunado como para no tener derecho a quejarme de mi propia realidad. Si bien mi vida no ha sido un lecho de rosas ni mucho menos, tengo la suerte de tener a mi familia, mi compañera, y dos hermosos hijos, por lo cual, cuando se me presenta alguna adversidad, no puedo evitar recordar a aquellos como: el mendigo del semáforo, ese amigo que hoy lucha por su vida, a los “padres” sin hijos, o a los hijos sin amor, y a todos aquellos a quienes acaso la vida ha golpeado más que a mi.

Los típicos filósofos de barrio declaran a viva voz que siempre habrá alguien con más dinero que uno, mejor salud, o más amor.  presuponiendo entonces que habrá también quienes tengan -menos- de todo eso. ¿Y qué sucede entonces cuando renegamos por no tener la carrera de Fulano o Mengano, su salud, su amor, o sus vacaciones? ¿Está mal?, ¿No es esa acaso una forma de querer superarse? ¿Por qué no podemos enojarnos con nuestra situación, sin sentir que se nos anota un punto en contra cada vez que deseamos tener los logros ajenos?

Considero que cada cual vive en su micro-mundo, su escala, y que todo se compara hacia arriba o hacia abajo de dicha escala.  El paralítico daría cualquier cosa por ser rengo como yo, mientras que yo daría cualquier cosa por poder correr, y el que corre daría cualquier cosa por poder ser el más rápido, y así sucesivamente en todos los aspectos de la vida, y en todos los rubros.

No pretendo que lo que escribo esté a la altura de Borges -ni mucho menos- ni que mi cuenta de banco sea la de Bill Gates, ni jugar al tenis como Nadal;  pero sí quiero poder ser él Borges, él Gates y él Nadal de mi mundo actual, de mi escala de vida, sin que me acusen -o acusarme- de no valorar lo que tengo, lo alcanzado, lo obtenido. No sé si con ello seria más feliz, de la misma manera que tampoco sé si el vagabundo seria más feliz siendo lo que yo soy, pero quiero pensar que sí, que querer tener más o ser mejor, no es ser desagradecido, es simplemente ser!