Creo

DiosAlguna vez escuché a alguien decir… “No sé si Dios exista, pero si existe, no le va a molestar mi duda”

Me pregunto entonces si será necesaria su existencia como Ser, como presencia tangible, para poder declararlo como un Dios cierto y verdadero. ¿No será acaso que el solo hecho de creer en él dentro nuestro, en nuestras vísceras, sea justamente lo que lo convierte en realidad, en nuestra íntima e innegable realidad?

Después de todo, el Padre Nuestro reza: “… venga a nosotros tu reino…” como sugiriendo que el cielo, su presencia y su existencia, sucederían dentro nuestro, y no en otro lugar como una entidad o actividad externa, ajena a nosotros mismos.

El mundo, los noticieros, y las redes sociales, nos hablan de bombas, de niños baleados, y de terribles enfermedades que nos llevan a gritar: ¡¿Dios?! Si estas ahí, no permitas más esto… no dejes que el horror, ni la maldad, ni la locura sigan apuñalando por la espalda a los buenos de espíritu. Pero la respuesta pareciera no llegar nunca…

Sin embargo, y por otro lado, para mi su presencia queda claramente reflejada en la existencia de mi hija, procreada a través del sistema in-vitro. En la de mi hijo, nacido de forma natural cuando creíamos que eso ya no sería posible, o en el orificio congénito de su pequeñísimo corazón, que milagrosamente se fue cerrando y cerrando hasta casi desaparecer.

Me parece terrible pensar que todo dependa de mi, de mi entorno, de mi suerte -o de mi falta de ella- No poder contar con ese apoyo del más allá me provoca una sensación de soledad y acaso de abandono. Por eso -creo!- cruzando los dedos para que, si existe, no se ofenda por los momentos en los que dudo, porque hasta en esos momentos de duda hay una buena parte de mi que no deja de sentir su presencia…

O al menos eso creo.